Entrevista a Ennio Bucci:
“En el mundo del arte chileno hace falta más diálogo y para eso debemos ampliar la mirada”


Siempre puntual, con un sombrero de verano y sus clásicos lentes rojos, Ennio Bucci, espera sentado en un café del centro de Santiago y en menos de una hora saluda con su sincera cordialidad a tres amigos que van pasando por la calle. Esto porque durante treinta años trabajó a diario en la calle Huérfanos 526, en la galería que su padre italiano Enrico Bucci fundó con gran esfuerzo y pasión. En ese barrio histórico a los pies del cerro Santa Lucía fue donde se formó como galerista, un oficio que no se enseña en universidades ni institutos, sino que se aprende con trabajo y experiencia. Allí conoció a una decena de artistas, muchos de los cuales obtuvieron el Premio Nacional de Arte, y se hizo un lugar en la historia del galerismo chileno. En conversación con Ennio, el galerista cuenta anécdotas, confesiones y reflexiones sobre su vida y el mundo de las artes. En todo momento agradecido por las oportunidades que tuvo, y también muy preocupado por la importancia de rescatar la cultura e identidad chilena.

La figura de su padre fue indispensable para su formación dentro de las artes ¿Cómo fue su relación padre e hijo y de qué forma cree que influyó esa relación en su interés por la cultura?
Yo siempre he dicho que mi formación de galerista se la debo a él y lo voy a decir siempre. Él influyó mucho en mí, de hecho yo me inicié como galerista cuando tenía catorce años. Él me enseñó todo sobre el galerismo, especialmente que esta carrera es una pasión, es como el amor, te enamoras de la galería, de lo que hacen los artistas, y de querer llevar adelante un proyecto, un sueño.
Mi relación con él fue buena, me voy a morir diciendo que él fue conmigo un gran padre y hasta el día de hoy lo extraño mucho, reconozco que fuimos grandes amigos, fue una relación muy unida.

¿Cómo lo describiría?
Él era muy sabio porque en el fondo era un hombre que venía con una mirada europea. Le tocó vivir la posguerra, entonces tenía otra visión de mundo. Él era un hombre muy jovial, muy interesante, entretenido, un hombre muy culto, hablaba muchos idiomas, llegó  a Chile hablando francés, alemán, español e italiano, hablaba latín y griego más encima, porque él se había formado en el liceo italiano que era un liceo de lujo, entonces no era cualquier europeo.
Además, era de largas conversaciones, tenía mucho tema, la verdad es que mi formación de humanista se la debo a él, tú te sentabas con él y podías conversar horas de horas pero de todos los temas, no solamente de arte.

¿Y su amor por el arte y galerismo de dónde provenía cree usted?
Bueno, como buen italiano y oriundo de Venecia, cuando era joven en su etapa adolescente le tocó trabajar como guía turístico en su ciudad natal, entonces tuvo la suerte de conocer a Giorgio de Chirico, el gran pintor metafísico. Y comenzó a hacerle muchas preguntas, yo creo que ahí nos parecíamos un poco ya que ambos tenemos eso de ser inquietos y busquillas. Entonces a De Chirico le llamó la atención que este cabro italiano le preguntara tanto sobre el arte y tuvieron grandes conversaciones. Ese fue el germen que quedó en él para después en el futuro, fundar la Galería Bucci, creo yo.

Viajaron juntos también…
Viajábamos mucho al norte, el primer viaje que hice con él fue en enero del setenta y tres. Nos fuimos a Brasil, como aventura, entonces imagínate un papa así, que te invita a viajar por toda sudamérica. Recorrimos Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, a mí me abrió un mundo.
Un día estábamos en Sao Paulo y me dice: “Vamos al Museo de Arte Moderno”. Fue mi primera experiencia con pintura directa, tenía trece años, y al principio creí que eran reproducciones y me dijo: “Date la vuelta de nuevo” y me empecé a encontrar con Velázquez, con Rafael, Rembrandt, Van Gogh, originales. Fue un impacto fantástico.

¿Cómo comenzó ese sueño de crear una galería?
Se podría separar en varias etapas, la primera fue cuando mi padre trabajaba como un pequeño empresario de la industria textil, y después en el año setenta y dos decide cambiar de rumbo y dedicarse al arte con la galería. Y le fue muy bien, igual logramos vivir de las ventas de la galería ya que él era un excelente vendedor. Mi papá se sentaba y si te quería vender el cuadro te lo vendía, se demoraba todo el tiempo necesario hasta que salías con el cuadro bajo el brazo. 

¿Y las exposiciones?
La primera exposición que tuvo la galería en Huérfanos se llamó “Homenaje al Norte Grande”. En esa muestra invitó a cuatro grandes artistas: Israel Roa, acuarelista, el pintor Fernando Morales Jordan, el acuarelista Hardy Wistuba, y al padre Gustavo Le Paige que también pintaba y era gran amigo de mi padre. Entonces esta gran exposición obedece al amor que él tenía por el norte, gran parte de su vida como  galerista la hizo en el norte, de hecho las primeras exposiciones antes de iniciar la Galería Bucci en Santiago la inició el setenta y dos en la Universidad Católica del Norte. Él tenía un especial cariño y especial dedicación por los paisajes y cultura del norte de nuestro país.

Y usted en esa época era un niño.
Yo estaba en el colegio, tenía catorce años y mi padre me dijo: “Necesito que tú me ayudes”. Él era tan apasionado que abría todos los días la galería, ni festivos estaba cerrado, así que ahí estaba yo, de pantalón corto, trabajando con él desde las 10 de la mañana en Huérfanos, entregando catálogos a la gente para que fuera a la exposición.
Así fue como me formé con él, a veces ni me explicaba, solo lo miraba y seguía el cuento. Iba con él al taller de Ximena Cristi, Hardy Wistuba, al taller de Roa. Me acuerdo cuando vino el padre Le Paige por la exposición del Norte Grande y me daba lata porque hablaban maravillas del norte pero yo tenía que quedarme en Santiago porque estaba en el colegio.
Entonces un día le dije que quería ir a San Pedro de Atacama y el hombre que era un sacerdote Jesuita amante del conocimiento, me dijo con su acento europeo: “Jovencito usted tiene que estudiar, solamente tiene que estudiar”. Y bueno, estudié (risas).

¿Cuál fue el aporte de su padre en la cultura chilena?
Mi papá trabajó con todos los artistas consagrados de esa época, con la generación del cuarenta. Apoyó el arte geométrico en Chile, que jugó una ruptura importante en el país. Se hizo muy amigo con Vergara Grez y crearon juntos el concepto de geometría andina.
Desarrolló cuatro exposiciones arqueológicas, por primera vez en Chile, sobre San Pedro de Atacama con las tabletas de rapé, hizo exposiciones de joyas precolombinas, de platería Isluga, hizo de textiles del museo de San Miguel de Azapa.

En definitiva ayudó a recuperar la identidad chilena.
Exacto, en ese momento no existía un museo de arte Precolombino, pero de alguna manera gracias a su visión amplia dio a conocer el mundo precolombino, lo valoró y lo consideró.
Él contribuyó también en el desarrollo de las actividades de extensión, la Galería Bucci se caracterizó porque hizo muchas actividades con las universidades, especialmente las del norte.
Es bien curioso porque apostó por una galería en Arica, en provincia, era una locura y fue una galería que duró cinco años. Entonces ahí también hay un aporte de querer llevar el arte a provincia, descentralizar el arte. 

¿Y cuándo usted comenzó a marcar lineamientos en la galería?
Cuando terminé mi primera carrera en Arica, me vine a Santiago con mi padre, ya eran los ochenta y en esa época la actividad cultural era muy precaria, no había nada. Entonces entré a estudiar mi segunda carrera y le propuse que nos abriéramos a artistas nuevos. Por suerte lo aceptó porque no era fácil de convencer, él tenía las cosas claras. Pero en este punto coincidimos. Entonces la galería se abrió y se transformó en un espacio de vanguardia porque apoyó a todos los artistas jóvenes que no tenían dónde exponer. 

¿Como cuáles?
Muchos artistas jóvenes que ahora son consagrados, famosos. Expuso, Arturo Duclós, Mario Soro, también, Josefina Guilisasti, Gregoria Larraín, Verónica Astaburuaga, Victor Hugo Codoceo, Francisca Nuñez, Tito Calderón, Bruna Truffa y Rodrigo Cabezas entre otros.

¿Tuvieron crítica?
Se nos criticó porque el filtro de la Bucci era demasiado amplio, y claro que era así, porque teníamos que recibir a los jóvenes, había que apostar por los jóvenes  y no te puedes poner exquisito. Era un riesgo que había que correr, a veces había buenas exposiciones y a veces había malas exposiciones.
Teníamos cuatro salas a la calle y cada quince días hacíamos exposiciones en cada sala, entonces la rotativa era mucha. Eran muchos artistas que pasaban. En los ochenta fue este periodo de boom, cuando se le consideró de vanguardia, experimental porque apoyaba a los artistas. Después de los ochenta, bajó el nivel, se acomodó la cosa y mi padre se fue al norte a hacer sus acciones de arte. La última etapa es la etapa virtual,  que  lleva como 10 años.

¿Cuál sería el sello de la galería actualmente?
Me interesa mucho que la obra de arte transmita algo, comunique algo. Si no es eso no me interesa, yo trato que en el conjunto de artistas míos haya una cierta coherencia estética, una cierta propuesta, un equilibrio. Tengo 40 artistas y me parece suficiente, es harta pega porque los visito, voy a los talleres, converso son ellos, subimos, bajamos las obras, es un movimiento. Hay artistas que también han fallecido y que están en la Bucci. Creo que hemos mantenido un espíritu, ecléctico, abierto.
Si tú analizas a los artistas de la Bucci no son malos artistas, son todos buenos artistas, no son artistas comerciales a lo mejor, pero sí son buenos artistas. Todos tienen trayectoria, tienen sus premios, son reconocidos, entonces ese es el sello yo diría a grandes rasgos. 

¿Qué piensa de la poca cercanía entre el público y las galerías en Chile?
Eso siempre ha sido difícil, porque el público chileno es muy tímido, las galerías están ahí y el público sigue pensando que la galería es un tabú, es como algo inaccesible. 
Puede ser por desinformación, educación, en el colegio no se educa sobre arte, los profesores de artes plásticas no los sacan mucho a visitar exposiciones. Yo mismo como profesor saco a mis alumnos, porque es necesario que tengan la experiencia vivencial de una exposición. Porque una cosa es la teoría, pero para mí es importante la experiencia de que vayan a una galería, un museo, o un centro cultural para que vean obras en directo. 

Quizás es porque se considera que la galería es vista como un lugar para la elite…
Pero no es cierto, la galería es abierta. Hay un concepto contra el que debemos seguir luchando y derrumbarlo. Las galerías son para el público. Público comprador, estudiantil, crítico, esteta, historiador del arte, para quien quiera ver arte, la galería es para ellos. 

En los últimos años ha habido un crecimiento en la actividad cultural, con una gran cantidad de exposiciones, nuevos centros culturales y la traída de grandes artistas universales como Pablo Picasso (CCPLM), Andy Warhol (CCPLM), Yoko Ono (Corpartes), René Magritte (Museo Ralli), entre otros. ¿Cómo evalúa estas gestiones? 
¿Cómo no va a ser valioso?, tenemos que pensar también que no todo el mundo tiene la posibilidad de viajar, son unos privilegiados los que pueden viajar, entonces esta ciudadanía chilena que no viaja le están trayendo acá exposiciones de buen nivel.

Pero por ejemplo el Museo Ralli trajo a Magritte, pero nadie se enteró.
Ahí está mal, eso es grave. Ahí yo encuentro que son unos baches que no deberían ocurrir, una exposición de tal envergadura debiese haber estado cubierta. 

Ahí aparece el papel de los medios.
Yo siempre lo he dicho, los medios son fundamentales para la difusión de la cultura.
Me acuerdo cuando fue la exposición de las tabletas de rapé del museo san pedro de atacama en la Galería Bucci. Esa vez todos los canales, las revistas, las radios, la prensa fueron a cubrirla. Y aunque era más chico todo, y hay que reconocer que la vida cultural ha cambiado en 40 años,  también hay que decir que las políticas culturales de la TV hoy en día, son inexistentes. Entonces estamos con un gran bache porque la televisión, que podría hacer buenos  programas culturales, no los hace ¿y por qué no los hace? porque no vende, ¿y por qué no vende?, porque no hay educación, entonces nos volvemos a pisar la cola. Pero para mí los medios de comunicación debieran de jugársela por la cultura.

¿Y el rol de los críticos de arte?
El deber del crítico debiera ser acercar el público al arte, dando a conocer y difundiendo los elementos esenciales de una muestra. Pero lamentablemente no se produce tal efecto.
El arte es parte de la educación, es parte de la identidad de una sociedad, entonces el crítico debiera hacerlo cercano al público y no inalcanzable o hacerlo un metalenguaje. Tiene que ser un lenguaje directo. Yo respeto lo que hacen mis colegas pero hay muchos que son herméticos para leerlos.
En Chile no hay crítica de arte que genere el debate. A mí me gustaría que hubiese crítica real, que genere debate, conversación, con respeto, con altura de miras, pero que genere un enriquecimiento, un intercambio. De lo contrario las ideas se estancan, la crítica tiene que ser dinámica para generar pensamiento.
¿Considera que existe un hermetismo en el mundo cultural?

Yo creo que hace falta crear una red de intercambio entre los actores, aquí todo el mundo está en una parcela y las parcelas no ayudan. Falta más vinculación hay que ampliar, como decía Isabel Aninat, hay que abrir el círculo.
Y eso te demuestra que a mí como galerista, a ti como comunicadora social, tenemos que dar la pelea hasta el final porque no está todo hecho, hay un camino que hacer infinito. Aquí voy a citar a Matta, él es un gran teórico y esto va para todo el medio de la cultura, para críticos, galeristas, medios de comunicación. "Tenemos que ampliar la mirada, tenemos que conjugar el verbo ver”. 
No sabemos mirar. El mirar es abrir los sentidos, la percepción, cuando tú miras, lo haces con todo tu ser, es una mirada ontológica y axiológica. Pero para eso hay que educar.